El ego, la esencia y todo lo demás

Si has llegado a este post, probablemente no sea por casualidad, pero si esto es así te recomiendo que no sigas leyendo a no ser que estés dispuesto a replantearte buena parte de tus creencias, estés cansado de sufrir o te hayas preguntado alguna vez, ¿porque no soy feliz?      

En las siguientes líneas intentaremos exponer con claridad que es el ego y que es la esencia, como identificarlos para poder saber dónde te encuentras y como empezar a recorrer el camino hacia una vida con sentido y en conexión con tu esencia.                        

¿Qué es y cómo podemos definir al ego?

                                  

El ego (yo en latín) es una máscara o personaje construido por nuestra mente como medida de protección emocional para sobrevivir a la herida de separación producida por concepción del ser, más comúnmente llamada herida de nacimiento de la que hablaremos más tarde. Debido al dolor producido por esta desconexión se crea esta coraza como instinto de supervivencia que te protege durante años, cuando eres completamente dependiente de otras personas o instituciones, aprendiendo así a cubrir todas tus necesidades de agentes externos a ti.   

El ego es altamente influenciado por el entorno social y cultural en el que nacemos asimilando como creencias propias convicciones de personas de nuestro entorno como la religión, el lenguaje o las costumbres de la zona geográfica.      

Estás circunstancias que acabamos de describir son un factor muy importante para generar la opinión que cualquier situación en la que nos encontremos viene provocada por algo externo, quitándonos el poder más importante que tenemos, el poder de decidir cómo afrontamos cada etapa de nuestra vida, en definitiva, la creencia en que muchas veces dependemos de causas ajenas a nosotros, por lo tanto, no podemos hacer nada por solucionarlas.       

“El ego simplemente es una idea de quien eres que llevas contigo”

Wayne Dyer

El ego está conectado directamente con nuestro lado oscuro, con nuestros miedos, carencias, traumas, inseguridades, heridas de las que intentamos escapar constantemente sin tener demasiado éxito ya que siempre te acaban encontrando. Es esa vocecita que te machaca habitualmente susurrándote “no puedo”, “no es el mejor momento”, “no voy a saber” mermando así tu autoestima y confianza. Es esa parte de ti que vive continuamente en el juicio y en la crítica disminuyendo tu serenidad y tu paz interior, ese tesoro tan difícil de lograr en esta sociedad.                                                

¿Y la esencia? ¿Como podemos definirla?

     

Algunas culturas la llaman conciencia, otras almas, otras el ser, cuyo mayor anhelo es llegar a expresar todo su esplendor durante toda su existencia. La esencia es esa semilla pura y limpia de lo que realmente podríamos llegar a ser y que el ego desea frenar. Es el lugar donde se encuentra la paz, la felicidad, la serenidad, el amor, el bienestar y todos estos sentimientos que te erizan la piel sin apariencia alguna, solo por el simple hecho de apreciar cada instante.     

Es esa conexión profunda con lo innato que hay en ti que trasciende los límites de lo físico, eso que surge sin que puedas llegar a pensarlo y que necesitas hacerlo para sentirte bien. Es donde se encuentra tu talento, tu vocación, tu propósito de vida, el potencial que puedes llegar a alcanzar. Es cuando percibes que tu vida tiene sentido, cuando te sientes útil, cuando estas donde siempre has querido estar. Es esa luz al final del túnel que te guía hacia las experiencias que has venido a experimentar en esta herramienta que denominamos cuerpo físico incluso en los peores momentos de tu vida.       

La herida de nacimiento  

        

Cuando estás en el vientre materno eres parte integra de la madre, conectado directamente a tu esencia, por lo tanto, no tienes consciencia de un ser separado, no tienes consciencia del yo (tu ego). Al llegar al mundo con el esfuerzo que supone el parto, sientes un gran vacío debido a esa desconexión en la que nos distanciamos de nuestra esencia y, como instinto de protección, generamos un falso concepto de identidad al que denominamos ego que, aunque no seamos conscientes, nos deja una cicatriz de por vida que llamamos ombligo.    

Existen tres heridas básicas relacionadas con el amor, la muerte y la vida con 9 posibles personajes construidos por el ego según el tipo de herida que tengas. Esto está muy bien explorado por el eneagrama que es una gran herramienta para clasificar los posibles personajes y que facilita enormemente el autoconocimiento de la persona. Al final del artículo pondremos unas recomendaciones para quien quiera expandir este conocimiento.

A continuación, explicaremos brevemente lo que significan los tres tipos de heridas y como pueden afectarnos.     

  •   La herida del amor afecta directamente a la autoestima, ya que hace alusión a no ser digno de ser amado. Esto conlleva a una rutina que cultiva el apego hacia otras personas desencadenando un temor a la soledad. Es posible que se adquiera una dependencia en distintos tipos de relación que quizá no aporten gran cosa o, incluso, te hagan sufrir. 
  •   La herida de la vida hace referencia la sensación de no tener la capacidad suficiente para hacer frente a esta vida tan complicada, así que afecta directamente a la confianza en uno mismo lo cual suele afectar a la toma de decisiones y a la búsqueda constante de referentes para poder elegir en diferentes circunstancias de tu vida. 
  •   La herida de la muerte se concentra en la falta, en lo que no tienes. No reconoces todo tu potencial, la posibilidad de ser fuerte, de todo tu poder, por lo tanto, genera constantemente un sufrimiento por lo que no tienes y “deberías tener o ser”. Vale decir que al enfocarte asiduamente en la parte negativa proyectas todos tus peores miedos viviendo en un infierno que se te hace complicado salir.  

Habría que tener en cuenta que el ego tiene mucha influencia sobre la herida de nacimiento ya que al vivir asiduamente en el juicio y la crítica potencia esta herida, aunque en realidad lo que busca es socavarla para no sentir el dolor que provoca.    

¿Cuándo estoy en el ego y cuando en la esencia?

                                        

Antes de analizar desde donde actuamos o nos encontramos es importante saber qué consecuencias tiene interpretar las situaciones desde uno lugar o otro.    

Debido a la personalidad creada por nuestro ego surge el sufrimiento porque el mundo no es como la idea que este se hace, de como “debería” de ser. De esta manera nos domina, nos hace esclavos de nuestras circunstancias, de nuestras emociones, de nuestras reacciones autómatas. Se empeña en cambiar la realidad, pensado que cuando lo de fuera sea diferente podrá sentirse bien consigo mismo sin darse cuenta que lo externo no tiene tanta importancia, que lo verdaderamente importante está en el interior.    

Por ello es muy importante conocer desde que punto estamos observando cada situación y preguntarse, ¿Estoy actuando desde el ego en este momento?      

Estas en el ego cuando:     

  •   reaccionas de manera mecánica, impulsiva, inconsciente, llegando a perder el control de tus actos en algunas situaciones que suelen repetirse 
  •   vives en el victimismo y te lamentas por algo que te ha pasado o puede que te vaya a pasar 
  •   crees saberlo todo, no necesito saber o te excluyes mentalmente a nuevos aprendizajes 
  •   te tomas como personal los comentarios o acciones de otras personas 
  •   te crees incapaz de estar solo contigo mismo sin ningún tipo de distracción 
  •   nunca estas conforme con lo que la vida tiene preparado para ti 

Es, en mi opinión y por experiencia propia, mucho más fácil localizar cuando me encuentro viendo la vida desde la esencia puesto que me siento equilibrado y en armonía con todo lo que me sucede. Así que te encuentras actuando desde la esencia cuando:     

  •   interpretas la realidad como es, no como me te gustaría que fuera 
  •   confías en ti mismo y en lo que la vida tiene preparado para ti 
  •   sientes paz, serenidad, calma, armonía, equilibrio y demás sensaciones increíbles 
  •   aceptas al prójimo tal y como es, sin sentir la necesidad de cambiarlos continuamente 
  •   agradeces y te sientes feliz por el simple hecho de estar vivo, de poder respirar, de ver el sol cada mañana, cosa que se suele dar por hecho pero que, en realidad, no está garantizada 
  •   aprendes de cada situación de nuestra existencia, por muy difícil que sea 
  •   consigues vivir en el bienestar y no en el bien tener 

Ya no puedo más de mí mismo

      

Cuantas veces habré pronunciado estas palabras, no se vosotros, pero yo varias veces. Y es que hay un punto en el camino en el que te llega una depresión o una crisis existencial, como fue mi caso, o no entiendes por qué todo te va tan mal. Este es otro modo de identificar que estas en el ego ya que lo que nos va sucediendo durante nuestra historia son experiencias para confrontar nuestro ego, por esta razón los que no haces consciente en tu vida, se manifiesta como destino.

Cabe decir que es de vital importancia para evitar el continuo sufrimiento que te genera permanecer en el ego, establecer técnicas para controlar los pensamientos con el objetivo de fluir con la realidad de lo que te pasa, aunque no estés de acuerdo. Porque es inevitable fracasar, por muchos “éxitos” que coseches durante tu vida, el sentimiento de vacío y la insatisfacción crónica nunca desaparece. Debido a esto, si no eres consciente de esta situación, tienes la imperante necesidad de ponerte metas constantemente para mantenerte distraído y no cuestionarte ese vacío que nunca muere.    

Entonces a estas alturas y por experiencia propia llego a la concusión que vivimos en una pugna constante entre el ego y la esencia por ser el dueño de tu atención. Por lo tanto, tú tienes el poder de decidir que voz quieres potenciar por que;

“no eres la charla que oyes en tu cabeza. Eres el ser que escucha esa charla.    

Jiddu Krishnamurti

 

Para no extenderme demasiado, en otro artículo que realizaremos más adelante analizaremos las claves para poder empezar el viaje del ego hacia la esencia contribuyendo enormemente en el autoconocimiento y, consecuentemente, en nuestro crecimiento personal para poder sufrir lo menos posible. 

    

Recomendaciones:

Pensamientos: Amar lo que es-Byron Katie  

Eneagrama:  Encantado de conocerme-Borja Vilaseca   


La sabiduría del eneagrama-Don Richard riso & Russ Hudson 

Bibliografía:




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